Joel Huiqui acaricia la copa y sonríe. Festeja en el Estadio Olímpico Universitario con el equipo que acaba de bordarle la décima estrella al escudo de Cruz Azul al vencer a Pumas en la final (2-1, 2-1 global). En la cabecera visitante, cientos de aficionados gritan hasta las lágrimas.
Son expresiones de felicidad, pero también de angustia, coraje la resaca de varios años de fracasos y derrotas, el eco de esas voces que acusaban de perdedor a uno de los clubes más ganadores del futbol mexicano. Pero el deporte, que siempre es imposible de descifrar, decidió ayer dictar un poco de justicia para La Máquina.
Los celestes supieron sufrir antes de ver el trofeo en alto, sostenido por las manos de su capitán, el mexicano Carlos Rodríguez. El mediocampista dejó atrás la tensión y el desgaste de la espera. Se abrazó con Huiqui, quien a su vez hizo lo mismo con Rodolfo Rotondi y los chicos formados en las fuerzas básicas del club.
Miró a los ojos a trabajadores y directivos de la institución, aquellos a los que les prometió como el resto de sus compañeros que habría revancha. Si la conquista de 2021 seguía fija en la memoria de los más grandes, la siguiente corona tendría que ser inolvidable para los más chicos. Y así fue. Se los había prometido al hacerse cargo de la dirección del equipo. Y no les falló.
Con información de: La Jornada










































