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Las elecciones presidenciales que realizará Brasil este domingo y a las cuales llegan como favoritos el actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador ultraderechista Flávio Bolsonaro, tienen una importancia especial para México por el peso que tiene el país sudamericano en toda la región, afirma la internacionalista Élodie Brun.

La profesora del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México (Colmex) dice a Proceso que una derrota de Lula en esos comicios complicaría aún más la relación de la presidenta mexicana, Claudia Sheimbaum, con los países latinoamericanos, en su mayoría gobernados por la extrema derecha aliada al mandatario estadunidense, Donald Trump.

Sheinbaum, Lula y el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, son los únicos tres gobernantes de la izquierda democrática que quedan en la región.

Desde enero de 2025, cuando Trump regresó a la Casa Blanca, siete ultraderechistas han ganado las elecciones presidenciales celebradas en Latinoamérica y cuatro de ellos –en Bolivia, Honduras, Chile y Bolivia– derrotaron a candidatos progresistas.

Los gobiernos de Sheinbaum y de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, han mantenido relaciones distantes y hasta confrontativas con los gobiernos latinoamericanos de la nueva derecha trumpista.

Un eventual triunfo del ultraderechista Flávio Bolsonaro en Brasil –el país más grande e influyente en Sudamérica– dificultaría aún más una relación fluida de México con la mayoría de naciones de la región.

Élodie Brun señala que, si bien México ha tenido una actitud conciliadora con los gobiernos de derecha que han llegado al poder en América Latina, y un pragmatismo en función de su grado de radicalidad, el hecho es que cada vez son menos los mandatarios con los que Sheinbaum tiene afinidades ideológicas.

“Y eso se traduce en una región más difícil con la que hay que lidiar”, dice la profesora del Colmex y doctorada en ciencias políticas del Instituto de Estudios Políticos de París.

Hasta julio último los principales aliados de Sheinbaum en la región eran Lula y el mandatario izquierdista colombiano, Gustavo Petro, quien el 7 de agosto entregó el poder al ultraderechista Abelardo de la Espriella, un abogado cuya prioridad en política internacional es estrechar lazos con Estados Unidos e Israel.

Para Trump, señala la profesora del Colmex, resulta más fácil trabajar con este tipo de mandatarios, que le son afines incluso “cuando se busca imponer una visión que no corresponde con los intereses latinoamericanos”.

Con información de: Proceso

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