Iron Maiden volvió a demostrar por qué es el amo absoluto de los estadios. La icónica banda británica de heavy metal regresó a la Ciudad de México con su gira mundial “Run For Your Lives Tour”, celebrando cinco décadas de historia en una noche memorable que arrancó motores con la potencia de los norteamericanos de Anthrax.
Para conmemorar medio siglo de vida, la Doncella de Hierro apostó por lo seguro con un viaje directo a la nostalgia: un repertorio volcado en sus primeros nueve discos de estudio, desde su álbum debut de 1980 hasta el emblemático Fear of the Dark de 1992.
Liderados por Bruce Dickinson y Steve Harris, los británicos se reencontraron con la capital tras su última visita a finales de 2024, apoyados por una imponente producción visual y, por supuesto, la infaltable presencia de su mascota Eddie.
El show abrió con la contundencia de “Murders in the Rue Morgue”, detonando la euforia de la fanaticada mexicana entregada desde el primer minuto; un mosaico generacional de camisetas y máscaras donde convivieron veteranos de mil batallas con niños de apenas cinco años. La vibra subió de tono con clásicos como “Phantom of the Opera”, “The Number of the Beast” y “Powerslave», que pusieron a retumbar cada rincón del Estadio GNP.
El misticismo llegó de la mano de piezas épicas como “Two Minutes to Midnight” y la monumental “Rime of the Ancient Mariner”. Más tarde, el ambiente alcanzó su punto más alto con “Seventh Son of a Seventh Son” y el himno “The Trooper”, momento en que Bruce Dickinson se echó al público a la bolsa al salir con sombrero de charro y ondear la bandera mexicana.
Ni la ligera lluvia frenó el coro multitudinario para “Hallowed Be Thy Name” e “Iron Maiden”. Tras un breve apagón, la voz cavernosa de Winston Churchill resonó en los altavoces para anunciar el regreso del grupo con la vertiginosa «Aces High». El tramo final llegó con el dramatismo de “Fear of the Dark” y el broche de oro a cargo de “Wasted Years”, donde casi toda la banda lució sombreros de charro sobre el escenario.
Antes de despedirse, Bruce Dickinson prometió volver a la Ciudad de México en dos años o menos, desatando una ovación de pie. Fue una noche redonda, de pura comunión entre una leyenda del metal y el público más apasionado del planeta.
Con información de: El Heraldo de México










































