Compartir

Cuando Caracas dejó de temblar, la gente bajó a la calle. A buscar señal de internet, a rastrear quién no contestaba el teléfono, a comprobar qué edificio seguía en pie. La capital y, sobre todo, la vecina ciudad de La Guaira, se habían convertido en la zona cero de dos terremotos que han sumido a Venezuela en una nueva tragedia. El desafío es ahora rescatar a los heridos y contar a los mu3rtos, realojar a los que se han quedado sin casa, equipar hospitales, atender psicológicamente a las víctimas y reconstruir. El problema es que el siniestro ocurre en una Venezuela con servicios básicos precarios, con medios limitados y una capacidad de gestión que está a prueba desde el minuto uno. La gestión del desastre pone a la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, en la mira de todos. Y no solo a ella.

Eran las 18.04 del miércoles, feriado por la Batalla de Carabobo, con mucha gente en sus casas. Un sismo de magnitud 7,2 sacudió el norte del país y, 39 segundos más tarde, llegó otro aún más potente. El Servicio Geológico de Estados Unidos lo registró como el terremoto más fuerte en Venezuela en más de un siglo. Su sistema de estimación rápida emitió una alerta roja, la máxima, y avanzó un rango de víctimas que iba de 10.000 a 100.000. Es un modelo calculado a partir de la intensidad de la sacudida y de la fragilidad de lo construido, pero la dimensión de la tragedia aún es incierta. De momento van al menos 188 fallecidos, más de 1.500 heridos, 157 desaparecidos, más de 200 personas que siguen atrapadas bajo los escombros y 2.927 familias que han perdido su vivienda.

La Guaira es el gran agujero negro de las cifras que están por aflorar. En ese Estado de la costa, a solo 30 kilómetros de Caracas, los edificios se han desplomado por decenas y la información que trasciende es escasa. Fuentes oficiales hablan de al menos cien predios destruidos.

El Gobierno se ha movilizado; pero no hay demasiada información acerca de cómo lo ha hecho y con qué medios. Rodríguez es conocida hasta por sus críticos por su eficiencia y capacidad de trabajo, pero tras 27 años de chavismo, hay desconfianza sobre cómo el aparato gestionará la tragedia. Para la cúpula chavista, supone un riesgo y una oportunidad. “Si la respuesta es rápida, transparente y eficaz, el Gobierno interino puede recuperar legitimidad de desempeño”, advierte el politólogo Benigno Alarcón. “Si es opaca, militarizada, excluyente o corrupta, aumentarán el costo social, la presión internacional y la probabilidad de fracturas”.

Delcy Rodríguez, como miles de venezolanos, apenas ha dormido. Su cuenta de X está más activa que nunca, aunque más volcada en agradecer la ayuda internacional que en mantener un ritmo constante de información de servicio.

Las ofertas de personal y materiales han surgido de Qatar a México y, sobre todo, desde Estados Unidos, su sorpresivo aliado tras la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero por tropas estadounidenses. Rodríguez representa ese chavismo que quebró la economía y vació las instituciones, pero Donald Trump lleva seis meses elogiando su liderazgo. Es su elegida para esa especie de transición tutelada que ha diseñado Washington. Rodríguez dirige el timón de una maniobra política imprevisible y compleja, pero tras asumir el sillón de su jefe, el terremoto la coloca en el que puede acabar siendo su mayor examen político.

Con información de: El País

Compartir

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here