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Una cepa inusual, un brote detectado demasiado tarde, las ayudas internacionales cayendo en picada… Varios factores hacen que la epidemia de ébola en República Democrática del Congo sea especialmente difícil de afrontar.

¿Qué diferencia a esta epidemia?

Es «inusual» debido a «una desafortunada conjunción de circunstancias», resume a Afp la inmunóloga francesa, Aurélie Wiedemann, especialista del virus del ébola en el Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica (Inserm).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó el martes de «la amplitud y la rapidez» de esta epidemia que se propaga en el este de RDC y se sospecha que ya ha causado más de 130 muertes.

El ébola no es una novedad para este país, que ya ha sufrido 17 epidemias de esta enfermedad que mata a entre un tercio y la mitad de las personas infectadas. Pero, en esta ocasión, el país se enfrenta a una cepa poco común, conocida como Bundibugyo.

Esta no parece necesariamente más letal que la cepa más extendida, conocida como Zaire, pero al haberse identificado únicamente en dos epidemias anteriores, se sabe poco sobre ella.

¿Cuáles son las dificultades?

Son numerosas y, en gran parte, están relacionadas con esta cepa concreta. En primer lugar, no existe ningún tratamiento ni vacuna de eficacia probada contra la variante Bundibugyo.

La OMS se ha comprometido a estudiar si los tratamientos o vacunas contra el ébola podrían funcionar de todos modos.

«Pero vamos un poco a ciegas», advierte Wiedemann, quien señala que la cepa Bundibugyo solo es similar en 65 por ciento a la Zaire, contra la que se desarrolló la vacuna principal.

Otro problema es que esta cepa eludió aparentemente durante varias semanas la mayoría de las pruebas de detección, calibradas para la cepa Zaire, lo que contribuyó a una detección tardía cuando la epidemia ya estaba en pleno apogeo.

Con información de: La Jornada

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