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En siete años, Yeraldine Bonilla, gobernadora de Sinaloa desde este sábado, pasó de la base de la pirámide política a la cima del poder.

En 2018 irrumpió en la escena del estado al que la presidenta Claudia Sheinbaum llamó “granero de México” por su producción de maíz, al obtener una candidatura a diputada local mediante tómbola, en 2024 alcanzó la secretaría de Gobierno tras la salida de Enrique Inzunza; hoy encabeza el gobierno, con el peso de su cercanía con Rubén Rocha, acusado por el gobierno de Estados Unidos de operar para el grupo del narc0tráfico “Los chapitos”.

En Culiacán, capital del estado, se refleja una historia similar: Ana Miriam Ramos Villarreal tampoco pertenece a la clase política tradicional vinculada a la Universidad Autónoma de Sinaloa, como Rocha, pero es cercana a Juan de Dios Gámez, alcalde que dejó el cargo debido a las acusaciones del Departamento de Justicia de Estados Unidos.

Ambas funcionarias llegan a cargos clave en una coyuntura extraordinaria, no por una transición ordinaria. En los dos casos, sus perfiles tienen experiencia pública reciente, pero no una larga trayectoria al frente de gobiernos o dependencias ejecutivas de primer nivel.

Bonilla Valverde rindió protesta como gobernadora interina este sábado 2 de mayo de 2026, luego de que el Congreso del Estado aprobó la licencia temporal de Rocha Moya. Hasta antes de asumir el cargo, se desempeñaba como secretaria general de Gobierno y diputada local con licencia.

Su carrera política está más consolidada que la de Ramos Villarreal, aunque también es de ascenso reciente. Es licenciada en Trabajo Social por la Universidad Autónoma de Sinaloa y fue diputada local por Morena en la LXIII Legislatura, del 1 de octubre de 2018 al 30 de septiembre de 2021.

En este contexto, el relevo en el gobierno estatal y municipal ha sido interpretado como una continuidad dentro del mismo grupo político. Los perfiles que asumieron los cargos interinos mantenían funciones cercanas a los titulares con licencia, tanto en la operación política como en la administración pública.

Especialistas han señalado que los nombramientos no implican una ruptura en la conducción de gobierno, sino la permanencia de figuras vinculadas directamente con quienes dejaron el cargo. En ambos casos, se trata de funcionarias que formaban parte de los equipos inmediatos de trabajo.

También se ha advertido que tanto Yeraldine Bonilla como Ana Miriam Ramos cuentan con trayectorias recientes en el servicio público y con experiencia principalmente en ámbitos legislativos o administrativos, sin antecedentes prolongados al frente de estructuras ejecutivas de primer nivel.

Este escenario ocurre en medio de una coyuntura marcada por las investigaciones abiertas en Estados Unidos, lo que coloca a las nuevas titulares al frente de instituciones estatales y municipales en un contexto de presión política e institucional.

Con información de: La Silla Rota

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