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El sábado 7 de marzo, Donald Trump recibió en Miami a diez presidentes, una primera ministra y un presidente electo para presentar en sociedad su Escudo de las Américas, una iniciativa que busca oficializar una alianza militar y de seguridad para combatir el narc0tráfico. El objetivo de la instancia sería compartir inteligencia para lograr derrotar a grupos criminales, coordinar operaciones y desmantelar carteles de la dr0ga.

Más allá de la idea, lo que más llamó la atención fueron las notables ausencias de las dos principales potencias latinoamericanas (Brasil y México) y de Colombia. El presidente de este último país, Gustavo Petro, criticó el hecho de no haber sido considerados para la cita, sobre todo si se tiene en cuenta, dijo, que «en el caso de la coc4ína, Colombia es esencial por su experiencia para erradicar» esta dr0ga.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, salió este martes a aclarar que ella no fue invitada porque su país tiene ya acuerdos con Estados Unidos para combatir el crim3n organizado. De cualquier modo, la imagen que quedó de la cumbre es la de una reunión de aliados políticos más que otra cosa.

«Existe claramente el riesgo de que esta iniciativa contribuya a profundizar divisiones dentro de la región», dice a DW Sandra Pellegrini, analista sénior para América Latina de Armed Conflict Location and Event Data (ACLED). «La exclusión de países clave plantea dudas sobre el propósito de esta alianza. Que potencias regionales como México, Brasil o Colombia no hayan sido invitadas refuerza la percepción de que el bloque responde a afinidades políticas o ideológicas entre gobiernos, más que a un enfoque estrictamente operativo contra el narc0tráfico», agrega.

Con información de: DW

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