A diferencia de hace cuatro años, el tercer partido de la fase de grupos de la Copa Mundial ya no quita el sueño a la afición mexicana. La selección nacional no arrastra la urgencia de ganar por diferencia de goles ni depende de combinaciones ajenas. El liderato asegurado y la localía en el Estadio Azteca —renombrado temporalmente como Estadio Ciudad de México para el torneo— esconden bajo las luces de la fiesta uno de los capítulos más dolorosos del futbol local: la eliminación en la primera ronda de Qatar 2022, donde la victoria ante Arabia Saudita fue insuficiente para evitar un desplome idéntico al de Argentina 1978.
En restaurantes, centros comerciales y estaciones del Metro, quienes portan con orgullo la camiseta tricolor ignoran el desenlace del encuentro entre Sudáfrica y Corea del Sur, que define el segundo boleto del Grupo A. La conversación colectiva apunta, más bien, al cruce en los dieciseisavos de final: ¿será Cabo Verde, Escocia o alguna potencia rezagada en el tercer puesto de su sector? El escenario contrasta radicalmente con el fracaso de Qatar y aquella noche en el Estadio de Lusail, que desbordaba nerviosismo desde horas antes del silbatazo.
En las inmediaciones del coloso de Santa Úrsula, el ambiente es el de un anfitrión que se sabe fuerte en su tercera Copa del Mundo en casa. Un grupo de danzantes prehistóricos, rodeado por flashes de turistas y voluntarios de la FIFA, marca el inicio de un recorrido inundado por la banda sonora de la capital: cláxons atrapados en el tráfico, sirenas policiales, matracas, trompetas y el golpeteo constante de las percusiones. Entre la multitud sobresalen rostros conocidos de la televisión y a nivel global: Luis Roberto Alves Zague, Iker Casillas, Jorge Valdano y Manuel Negrete, autor del gol más bello en la historia de los Mundiales según la FIFA.
Con información de: La Jornada










































