Estados Unidos ha vuelto a elevar la presión sobre Irán tras una segunda ronda de contactos indirectos sobre el programa nuclear, celebrada en Ginebra, sin un avance concluyente. La Casa Blanca insiste en que la vía preferente sigue siendo la diplomacia, pero mantiene la amenaza de recurrir a la fuerza si Teherán no acepta sus condiciones.
La portavoz presidencial, Karoline Leavitt, afirmó el miércoles que “Irán sería muy sabio” si llegara a un acuerdo con el presidente Donald Trump. También reconoció que, aunque hubo cierto progreso, las posiciones siguen “muy alejadas” en aspectos centrales.
En paralelo a esas declaraciones, ambas partes describen de forma distinta el estado y el sentido de las conversaciones. Irán sostiene que su programa nuclear es pacífico y que cualquier limitación deberá ir acompañada de alivio de sanciones. Washington, por su parte, exige que Teherán renuncie al enriquecimiento de uranio y plantea ampliar el marco para incluir otros asuntos, como el arsenal de misiles.
Trump ha reforzado su mensaje con advertencias públicas. En una publicación en su red social, señaló que si Irán decide no pactar, Estados Unidos podría utilizar una base en el océano Índico, en Chagos, para actuar contra lo que calificó como una amenaza potencial. Desde Teherán, ese tipo de mensajes se interpreta como una escalada verbal durante el proceso negociador.
Al mismo tiempo, el despliegue militar estadounidense en la zona se ha incrementado. Según la información disponible, incluye dos grupos de portaaviones —con el USS Abraham Lincoln ya en la región y el USS Gerald R. Ford en tránsito—, aviones de combate y aviones cisterna, además de sistemas defensivos como Patriot y THAAD.
Con información de: El Periódico










































