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Cuando Ana decidió morir por eutanasia, sus padres sabían que se enfrentaban al mayor dolor que jamás tendrían que soportar.

«Es como un reloj de arena en el que la arena va cayendo poco a poco», recuerda Salvador, el padre de Ana. «Y sabes que, cuando termine de caer, ella va a morir».

Ana nació con espina bífida, una malformación que ocurre cuando la columna vertebral y la médula espinal del feto no se cierran por completo durante el embarazo y puede causar discapacidad.

En el caso de Ana, tras varias intervenciones e infecciones, llegó a la veintena con un dolor neuropático intenso y serios problemas de movilidad.

Los médicos le dijeron que, seguramente, moriría asfixiada.

Y ahí fue cuando ella dijo que no quería morir así y pidió la eutanasia», cuenta Puri, su madre.

Los padres de Ana no intentaron impedir que solicitara la eutanasia. Murió en 2023 a los 28 años.

¿Cómo pudieron sobrellevarlo sus padres? La respuesta es clara: con amor.

«Puedo estar o no de acuerdo con tu decisión, pero voy a estar contigo porque te quiero», dice Salvador.

«Ella tenía muy claro que nos iba a hacer mucho daño», dice Puri. «Pero el amor es eso, es estar donde la persona te pide que estés y si te pide que estés acompañándola a morir, lo haces».

Fue una vida corta y marcada por el dolor, pero Puri y Salvador recuerdan también la alegría de Ana y sus ganas de vivir.

Algo que se ha vuelto más difícil este año, que ha tenido para ellos un sabor agridulce.

En marzo de este año, Noelia Castillo, de 25 años, murió mediante eutanasia en Cataluña. Su caso ocupó titulares en todo el mundo.

Noelia había sido una adolescente con problemas. Entró y salió del sistema de protección de menores desde que sus padres se separaron.

A los 21 años, sufrió una violación en grupo. La joven intentó quitarse la vida saltando desde el balcón de un quinto piso. El intento la dejó parapléjica y con dolor.

Después de que solicitara la eutanasia y fuera autorizada a recibirla en 2024, su padre recurrió a los tribunales para intentar impedir lo que consideraba un suicidio amparado por el Estado. Perdió.

«Lo que decíamos es que Noelia no era capaz de elegir porque padecía un trastorno límite de la personalidad; su juicio estaba afectado», afirma Polonia Castellanos, presidenta de Abogados Cristianos, un grupo de conservadores que representa a los padres de Noelia.

La asociación también ha hecho campaña contra el aborto o contra la presencia de libros de temática LGBT en las escuelas.

Pero los tribunales, que ya habían evaluado antes que Noelia cumplía los criterios médicos que exige España para que alguien acceda a la eutanasia, determinaron que Noelia era una adulta competente y capaz de decidir por sí misma, y que su padre no tenía derecho a intervenir en su muerte.

Dos meses después de la muerte de Noelia, el Tribunal Supremo dictó una sentencia que cambia el panorama de la eutanasia.

La corte decidió que aquellos que tienen «una relación especialmente estrecha» con la persona que desea morir, pueden impugnar la decisión.

Polonia Castellanos considera que es un buen primer paso jurídico. Pero su organización, Abogados Cristianos, seguirá haciendo campaña para que se derogue por completo la ley de eutanasia.

La decisión del Tribunal Supremo ha dejado perplejos a Puri y Salvador, los padres de Ana.

«No lo comprendo», dice Puri. «Puedo entender que alguien no quiera que se muera su hijo, pero un hijo no es una propiedad».

Con información de: BBC NEWS

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