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La presidenta Claudia Sheinbaum celebró esta mañana que California y Texas vayan a ser gobernados por dos personas de origen mexicano, Xavier Becerra y Gina Hinojosa, y leyó en ello “un sentimiento del pueblo estadunidense”. El corresponsal de Proceso en Washington, J. Jesús Esquivel, la contradice sin rodeos: “Con los gobernadores no ganan absolutamente nada”. Reconoce el valor diplomático —Becerra es un exlegislador con oficio y ambos pueden tender puentes— pero subraya lo evidente: ningún gobernador tiene voto en el Congreso federal, y es ahí donde se decide todo. El trabajo pendiente, dice, es de la presidenta y del embajador Roberto Lazzeri: cultivar a los demócratas que acaban de tomar las dos cámaras sin descuidar a los republicanos, porque faltan dos años para las elecciones generales de noviembre de 2028 y todo puede cambiar. Si los demócratas no cumplen las expectativas de los electores, advierte, les cobrarán la factura igual que se la cobraron a Trump.

Del otro lado, el presidente amaneció distinto. Recibió a los reporteros mientras les mostraba el salón de fiestas que está construyendo en la Casa Blanca, respondió poco y se vio, según Esquivel, “molesto, un poco humilde”: “Me parece que despertó con la realidad en la cara”. Lo que lo espera desde el 3 de enero de 2027, cuando entre la nueva legislatura, es un Comité de Apropiaciones en manos demócratas que puede negarle presupuesto para operaciones militares, para acciones antimigratorias, para el Departamento de Seguridad Interior y hasta para sus obras en Washington.

Sobre las amenazas de incursiones contra el narcotráfico en México, Esquivel duda que las ejecute: le quedan poco más de 25 meses, ya no aparecerá en ninguna boleta y se está quedando sin capital político. Lo que sí identifica es la causa de la derrota en el sur de Texas, en Laredo, El Paso y McAllen: el voto latino que hace dos años respaldó a Trump votó esta vez para castigar las acciones de ICE, la DEA y el FBI contra familiares, amigos y trabajadores, y en algunos casos contra estadunidenses detenidos por error. Y deja una advertencia: hasta el 3 de enero el Congreso sigue en manos republicanas, y todavía “puede crear dolores de cabeza”.

Con información de: Proceso

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