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El Vaticano respondió con contundencia este jueves a un grupo tradicionalista que consagró obispos sin el consentimiento del papa, al declarar que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) había roto formalmente con la Iglesia católica.

También excomulgó a sus obispos y sacerdotes y advirtió a sus fieles que ellos también enfrentan las sanciones más severas de la Iglesia católica.

Al declarar un cisma y extender las excomuniones a lo que podrían ser miles de católicos, la Congregación para la Doctrina de la Fe, la oficina doctrinal vaticana, fue más allá de las sanciones mínimas previstas por el derecho canónico de la Iglesia para responder a las consagraciones del miércoles de cuatro nuevos obispos.

FSSPX, celebra la antigua misa en latín y se opone a las reformas modernizadoras de la Iglesia católica, que considera plagada de herejías y errores. Aunque es un movimiento marginal de la derecha católica, la FSSPX ha sido una piedra en el zapato del Vaticano durante cinco décadas porque afirma ser aún más católica que la Santa Sede.

Durante una misa de cinco horas el miércoles, llena de rituales, en su seminario de Écône, Suiza, la FSSPX consagró a cuatro nuevos obispos en abierto desafío a León XIV, quien había instado al grupo a posponer el acto en aras de la unidad de la Iglesia. Asistieron unas 15 mil 500 personas y sus hijos, una señal de que la FSSPX tiene muchos partidarios que llegaron de todo el mundo sabiendo perfectamente que estaban desafiando a Roma.

La dureza de la respuesta sugirió que, luego de años tratando de negociar con la FSSPX, el Vaticano del papa León XIV ya ha tenido suficiente.

En un decreto, el Vaticano excomulgó a los cuatro nuevos obispos y a los dos que participaron en la ceremonia. Calificó las consagraciones como un “acto cismático” y declaró que la propia sociedad había creado un cisma, o una ruptura intencional con la Iglesia católica.

Declaró cismáticos a los sacerdotes de la FSSPX —que suman unos 750— y, por lo tanto, excomulgados, e invalidó los sacramentos de la confesión y del matrimonio que administran.

El Vaticano advirtió a los fieles que asisten a las misas de la FSSPX -se calcula que son entre 400 mil y 600 mil- que dejen de hacerlo, señalando que “quienes se adhieren formalmente” a la sociedad son considerados cismáticos y excomulgados.

El Vaticano explicó que eso se aplicaba a las personas que son miembros de la rama laica de la FSSPX y a quienes “asisten regularmente” a misas de la FSSPX y comparten formalmente sus posturas doctrinales.

Las sanciones no se aplican a los fieles católicos que asisten a misas de la FSSPX “sólo por razones litúrgicas o espirituales” ni a quienes van, pero aceptan la autoridad y la enseñanza del papa.

Marc-André Mabillard, responsable de medios de la sociedad, expresó su conmoción por la severidad de las sanciones y las calificó de “injustas”.

“Para nosotros, esta excomunión extendida a los fieles es brutal. No es lo que esperamos de un padre al que nos referimos todos los días”, dijo a The Associated Press. “Se nos dice: ‘Ustedes afirman tener la verdad’. Bien. Yo sólo digo que ciertamente tenemos nuestros defectos, pero nuestro principal defecto hoy es tener un líder que no quiere comunicarse con nosotros. Y eso es terrible”.

El jefe doctrinal del Vaticano, el cardenal Víctor Manuel Fernández, se reunió en febrero con el superior de la FSSPX, el reverendo Davide Pagliarani, y propuso un diálogo. Pero Pagliarani pidió en cambio reunirse con León, quien declinó, pero escribió una carta el martes rogando a la FSSPX que cancelara las consagraciones.

El arzobispo francés Marcel Lefebvre fundó la FSSPX en 1970 en oposición a las reformas modernizadoras del Concilio Vaticano II. Entre otras cosas, esas reuniones de la década de 1960 revolucionaron la relación de la Iglesia con otros cristianos, judíos y personas de otras religiones y permitieron que la misa se celebrara en lengua vernácula en lugar de en latín.

Lefebvre consagró a cuatro obispos sin el consentimiento papal en 1988. El Vaticano lo excomulgó de inmediato, así como a los cuatro obispos, y declaró las consagraciones como un “acto cismático”.

En 2009, el papa Benedicto XVI levantó las excomuniones al grupo como parte de su proceso de acercamiento de varios años. Pero, hoy en día, la FSSPX no tiene estatus legal en la Iglesia y con el decreto del jueves se declara que está en cisma.

Las consagraciones habían planteado una crisis para León XIV porque el papa estadounidense ha hecho hincapié en la unidad en la institución. Ha tendido puentes, especialmente hacia el ala conservadora y tradicionalista, que en muchos sentidos se sintió apartada durante el pontificado del papa Francisco.

El Vaticano respondió con tanta contundencia en parte porque el grupo supone una especie de amenaza al representar una Iglesia paralela, ultracatólica, anterior al Concilio Vaticano II, que ha crecido en las décadas desde su ruptura inicial con Roma. Aunque representa a un sector marginal de la derecha católica y de la Iglesia de 1.400 millones de fieles, la FSSPX cuenta ahora con seis obispos, 751 sacerdotes, 264 seminaristas, 145 hermanos religiosos, 88 oblatas y 250 religiosas que representan a 50 nacionalidades, según sus estadísticas.

Un documento clave del Concilio Vaticano II rechazado por la FSSPX es uno que, entre otras cosas, deploró el antisemitismo en todas sus formas y repudió la acusación de “deicidio” que culpaba a los judíos como pueblo por la muerte de Cristo. El Vaticano elaboró el documento cuando la Iglesia afrontaba el papel que la enseñanza cristiana tradicional había desempeñado en el Holocausto.

Con información de: La Jornada

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