Rescatistas piden silencio al escuchar un sobreviviente entre las ruinas de un edificio colapsado por los potentes terremotos en Venezuela. Gritan «¡Jonathan!» y Bárbara Palacios comienza a temblar: es el nombre de su esposo que está entre los escombros.
«¡Aquí, aquí! ¡Gracias, padre!», exclama al cielo Palacios, de 34 años. Jonathan Suárez, un vendedor de 36 años, quedó atrapado entre los restos de una licorería de un pequeño hotel de cinco pisos en el balneario de La Guaira que se borró del mapa tras los sismos de 7,2 y 7,5 que sacudieron Venezuela.
«Todo se vino abajo, intentó salir y no le dio chance», cuenta conmocionada. La adrenalina la invade, las lágrimas le corren. «Sí, está vivo, sí», consigue decir temblorosa, esperanzada. Pero el tiempo pasa, van casi 72 horas y los rescatistas ya no lo escuchan.
Palacios aún no lo asimila. No quiere creer que Jonathan se sumará a la estadística de más de 1.400 muert0s de la tragedia. (afp, efe)
Con información de: DW










































