El gobierno de Donald Trump ha intensificado sus investigaciones sobre el gobierno de México y, a medida que esos esfuerzos avanzan, algunos funcionarios electos del partido en el poder se han ofrecido de manera discreta a las autoridades estadounidenses como informantes contra otros integrantes del partido, según ocho personas que han participado en las conversaciones.
Estas conversaciones se han producido en las semanas posteriores a que Estados Unidos acusara a 10 funcionarios mexicanos, tanto en funciones como retirados, al acusarlos de colaborar con uno de los cárteles del narcotráfico más poderosos del país. Por su parte, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha hecho del cuestionamiento a esas investigaciones un grito de batalla para su partido político de izquierda, Morena, al calificar las acusaciones como una injerencia extranjera.
Pero tras bastidores, las conversaciones entre algunos miembros de su partido y las autoridades estadounidenses podrían dar a Estados Unidos un impulso decisivo en un momento delicado de las relaciones entre los dos países, lo que profundizaría el enfrentamiento entre ellos.
Al menos una decena de funcionarios electos en México —entre ellos gobernadores y miembros del Congreso, muchos de ellos del partido en el poder— se han puesto en contacto para hablar de compartir información sobre otros políticos, según diversas personas, y varios ya han iniciado conversaciones con Estados Unidos.
Muchos de estos funcionarios buscan adelantarse a las investigaciones que temen que pronto puedan centrarse en ellos, dijeron las personas.
Esta repentina ola de cooperación se desencadenó en parte por una iniciativa de la Administración de Control de Drogas (DEA, por su sigla en inglés) para contactar en privado a funcionarios mexicanos con la intención de convencerlos de que hablaran, según tres personas al tanto de estos esfuerzos.
Más de una decena de personas hablaron con The New York Times para este artículo bajo condición de anonimato para comentar los esfuerzos de la DEA y las conversaciones confidenciales entre el gobierno de Estados Unidos y los funcionarios mexicanos.
La DEA y el gobierno mexicano se negaron a hacer comentarios.
Que políticos mexicanos ayuden en las investigaciones estadounidenses sobre sus colegas es una señal muy preocupante para el partido político dominante de México y su líder, Sheinbaum. Indica que las investigaciones estadounidenses sobre corrupción están tomando impulso, justo cuando Sheinbaum ha hecho de oponerse a ellas una de las apuestas centrales de su presidencia.
Si los investigadores estadounidenses logran convencer a suficientes políticos de Morena para que actúen como informantes, podría desencadenarse una cascada de testigos que cooperen y de acusaciones que amenazarían con debilitar al partido. Después de una serie de derrotas electorales de los partidos de izquierda en toda Latinoamérica, Morena es el más importante que sigue en el poder además del partido de izquierda en Brasil.
Algunos analistas mexicanos han pronosticado que las investigaciones del gobierno de Trump podrían dar al partido gobernante un tema en torno al cual unirse. Pero el hecho de que algunos políticos estén dispuestos a cooperar con las investigaciones estadounidenses, a pesar de la resistencia de Sheinbaum, indica que hay fisuras al interior.
“El cierre de filas a que convoca la presidenta desde arriba no se corresponde desde abajo”, dijo Carlos Bravo Regidor, un destacado analista político mexicano. “Hay gente abajo que es parte de la propia escena que, lejos de cerrar filas con la presidenta, va corriendo a Estados Unidos para salvar su pellejo”.
A menudo, a Sheinbaum se la ha considerado una modelo a seguir en cómo lidiar con el presidente Trump, pero ahora está en una situación cada vez más complicada que muestra los retos a los que se enfrentan los políticos de izquierda de la región. Trump, quien ejerce una enorme influencia sobre el destino de su país, quiere que delate a sus aliados políticos, mientras que el ala izquierda de su partido, que es su base de apoyo, quiere que se enfrente a Trump.
En las últimas semanas ha optado por ponerse de lado de su partido y ha rechazado las exigencias de Estados Unidos de detener a Rubén Rocha Moya, el gobernador de Morena en el estado de Sinaloa, después de que fiscales estadounidenses lo acusaran de proteger al poderoso cártel de su estado a cambio de ayuda para ganar las elecciones.
Con información de: New York Times










































