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El Papa Francisco falleció este lunes 21 de abril, a los 88 años. El pontífice había sido hospitalizado el 14 de febrero debido a una enfermedad pulmonar. Aunque recibió el alta, su estado de salud fue catalogado como «crítico» en varias ocasiones.

Tras ser ingresado por bronquitis, se le diagnosticó neumonía bilateral, lo que generó preocupaciones sobre su salud. Aunque en días recientes mostró momentos de mejora, sufrió una crisis respiratoria asmática prolongada el 22 de febrero, que requirió oxígeno y una transfusión de sangre. Posteriormente, se le detectó plaquetopenia asociada a anemia.

El Papa Francisco fue elegido el 13 de marzo de 2013 y fue notable por ser el primer Papa de origen americano y no europeo desde el año 741. Su hospitalización atrajo la atención de numerosos fieles, quienes se reunieron diariamente frente al Hospital Gemelli para rezar por su salud.

Con su fallecimiento, se inició el periodo de «sede vacante», en el que se determinó la elección de su sucesor. De acuerdo con los protocolos, el cardenal camarlengo tuvo que constatar la muerte y anunciarlo a las autoridades correspondientes. Los restos del Papa fueron expuestos en la Basílica de San Pedro y posteriormente enterrados.

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