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En ambos lados de la frontera que separaba las dos Alemanias se celebró la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989. 37 años después, parece persistir una profunda desconfianza mutua.

Tres creadores alemanes que han abordado la historia de la división del país desde perspectivas muy distintas explican cómo perciben esa realidad.

La escritora Lea Streisand, nacida en 1979, vivió de primera mano la caída del Muro cuando era niña en Berlín Este. Su biografía como ciudadana de la antigua República Democrática Alemana (RDA) ha sido un tema recurrente en sus libros y textos. Es el caso, por ejemplo, de su novela Hufeland Ecke Bötzow (Ullstein, 2019), donde narra el periodo de la reunificación desde la mirada infantil.

«El 9 de noviembre de 1989 fue sencillamente maravilloso», comenta a DW. Todos los ciudadanos de Alemania Oriental recibieron 100 marcos de bienvenida que su madre gastó en unas prácticas botas de invierno. Un amigo de sus padres la compensó después permitiéndole comprar tantas golosinas en el supermercado, que estas le duraron hasta Navidad.

«El regusto amargo llegó después, con todo lo que ocurrió a lo largo del año siguiente», rememora Streisand. «De repente, a una velocidad increíble, desapareció todo un sistema y se construyó otro nuevo, como diciendo: ‘Ahí lo tienen’. Creo que para la gente fue demasiado rápido».

La población de la RDA había impulsado el cambio mediante un movimiento por los derechos civiles y numerosas manifestaciones. Pero había mucha gente que no necesariamente deseaba que el Estado desapareciera.

Una de esas personas fue Anke Feuchtenberger, nacida en 1963. Llegó al mundo en Berlín Este, creció allí y en Pomerania Occidental, donde hoy vuelve a residir y donde dice sentirse «muy en casa». Feuchtenberger está considerada la dibujante de cómics más influyente del país y también ha alcanzado reconocimiento internacional.

«Nosotras, como artistas, intentamos entonces impulsar un cambio de rumbo con carteles y panfletos. Queríamos más libertad, pero no necesariamente abolir el socialismo», explica. La caída del Muro despertó en ella sentimientos encontrados. «Comprendí muy pronto que el impulso creativo y revolucionario de nuestro movimiento quedó rápidamente sepultado por el consumo. También afloraron con fuerza tendencias nacionalistas que ya se percibían antes», recuerda. «Eso me dio miedo».

Por su parte, el fotógrafo y artista visual Simon Menner, nacido en 1978 en Emmendingen, Baden-Wurtemberg, vivió la caída del Muro de manera mucho más distante. Era un niño y, según cuenta, todo aquello le resultaba «más bien abstracto». Berlín quedaba muy lejos, aunque hoy reside allí. La imagen de la Alemania Oriental transmitida por las películas y documentales sobre la reunificación le parecía excesivamente sombría. «Y eso que el oeste en los años ochenta también era gris y bastante conservador».

Con información de: DW

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