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En su tercer ensayo posterior a la Copa del Mundo, México evidenció las carencias estructurales que arrastra desde décadas: la falta de contundencia en las áreas, errores defensivos infantiles que cuestan goles y un nerviosismo que aflora en cuanto el rival es Estados Unidos. La derrota por 3-0 –la primera en el ciclo de Rafael Márquez como seleccionador– no sólo implicó digerir los festejos del odiado enemigo en el estadio State Farm de Glendale, sino aceptar que la figura tutelar del ex astro del Barcelona tampoco posee una varita mágica rumbo a 2030.

Para la afición mexicana, Márquez no es un técnico cualquiera. Su llegada al banquillo del Tricolor se interpretó como la promesa de transmitir ese carácter sobrio y ganador a un equipo habituado a la zozobra y crisis de identidad.

Por ello, ver su nombre asociado al primer descalabro frente al acérrimo rival vecino produjo un golpe doblemente amargo en las tribunas. Las anotaciones de Julian Hall (28), Cavan Sullivan (63) y Malik Tillman (85), surgidas de fallas colectivas y dos regalos del arquero Raúl Rangel, hicieron más notable la ausencia de los lesionados Gilberto Mora e Hirving Lozano, descartados de última hora por el cuerpo médico. “Mora sigue con molestias (en el tobillo). Es un jugador que tiene un gran futuro y decidimos cuidarlo”, explicó el estratega michoacano antes del silbatazo inicial.

Sin el nuevo 10 nacional, el partido terminó por dejar al descubierto grietas que ningún joven talento, por venerado que sea, puede tapar de la noche a la mañana.

Ante un conjunto estadunidense más dinámico, vertiginoso y pragmático, la mayor esperanza del gol mexicano pasó por los pies de Santiago Giménez. Sin embargo, el atacante del Porto desaprovechó los avances más claros en el área de Diego Kochen, el segundo de ellos con la portería abierta tras cazar un rebote

Con información de: La Jornada

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