La sombra del ataque que dejó una mujer muerta y cuatro heridos en una escuela de Coahuila cubre un tema trascendental que se asoma cada vez que ocurre una tragedia. A qué están expuestos las niñas, niños y adolescentes en las escuelas, qué retos enfrentan y qué herramientas tienen para resolverlos.
De acuerdo con el fiscal de Coahuila el ataque fue producto de una influencia notable de otros atentados extranjeros que se tomaron como ejemplo a través de foros en redes sociales. Frente a esto cabe preguntarse en qué emplean su tiempo los adolescentes.
El partido está por terminar. Sobre la cancha de futbol rápido juegan catorce adolescentes, siete contra siete, de entre 15 y 17 años. Durante treinta minutos han corrido detrás de una pelota, se han gritado, empujado, reído, enojado y festejado dos goles. No han tenido tiempo para mucho más.
El árbitro pita el final. Los jugadores caminan hacia las bancas, toman agua y, casi inmediatamente, ocurre algo que para ellos no tiene nada de extraordinario: van hasta sus mochilas y sacan sus celulares.
Han pasado treinta minutos sin mirarlos. Hay que ponerse al día. WhatsApps de amigos, mensajes de los padres, alguna novia, historias de Instagram, notificaciones. Todo lo que ocurrió en ese pequeño universo digital mientras ellos estaban jugando los espera en una pantalla.
Entre esos adolescentes está Rubén. Tiene 15 años, estudia el primer año de preparatoria en la UNAM, pertenece a una familia de clase media y tiene un iPhone 13. Su teléfono, dice, está presente durante prácticamente todo su día. “Lo tengo en las manos como el 90 por ciento del tiempo que estoy despierto”.
Lo primero que hace al despertar es buscarlo. De hecho, cuando programa la alarma calcula diez minutos adicionales para permanecer acostado revisándolo antes de levantarse.
Dos minutos después de abrir los ojos ya lo tiene en las manos. Después se levanta. Se lleva el teléfono cuando va a lavarse los dientes y puede mirar videos de TikTok mientras lo hace. Cuando se baña pone música. Lo utiliza para hacer la tarea. Lo lleva al baño. Lo revisa mientras come.
Por la noche también es una de las últimas cosas que mira antes de dormir. Hay pocas excepciones. Cuando pasea al perro procura dejarlo en casa porque teme que se lo roben. Tampoco suele llevarlo si va a hacer un trayecto muy corto, como caminar hasta una tienda cercana.
Y ha conseguido algo que considera una pequeña victoria: puede ver una película completa sin revisar el teléfono. Pero solamente en el cine. En casa es diferente.
Con información de: La Silla Rota










































