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Durante muchos años, la relación entre Alemania y Rusia fue una colaboración perfecta: Rusia suministraba energía a bajo precio y, con ello, contribuía al éxito de las exportaciones de la industria alemana a nivel mundial.

Desde principios de la década del 2000, esta dinámica contó con el apoyo primero del canciller del partido socialdemócrata SPD, Gerhard Schröder, y más tarde de la canciller de la formación democristiana CDU, Angela Merkel. Por la parte rusa, el respaldo venía, tanto entonces como ahora, de Vladimir Putin.

Incluso cuando Rusia se anexionó la península ucraniana de Crimea en 2014, los negocios continuaron. El acuerdo para la construcción del gasoducto Nord Stream 2 entre Rusia y Alemania, que eludía a Ucrania como país de tránsito, no se firmó hasta después de la anexión de Crimea. Ya entonces, otros países europeos y Estados Unidos advirtieron que, con el gasoducto, Rusia tenía en sus manos una poderosa palanca de presión.

Con información de: DW

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