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La reforma constitucional de la presidenta Claudia Sheinbaum contra la doble nacionalidad de quienes tengan aspiraciones electorales ha encontrado resistencia en casa. Hoy no cuenta con los votos suficientes del oficialismo para ser aprobada. La iniciativa presidencial, que ha sido encajada por sus adversarios como un traje hecho a la medida, también alcanza a políticos del oficialismo. Y eso ha comenzado a generar resistencia entre sus aliados. El primer obstáculo está en el Senado, donde Morena y sus socios se encuentran al límite de la mayoría calificada; el segundo, aunque menor, está en la Cámara de Diputados, donde el margen es amplio, pero tampoco está garantizado.

La propuesta de Sheinbaum plantea modificar tres artículos de la Constitución para impedir que una persona con una nacionalidad adicional distinta a la mexicana pueda competir por la presidencia, una gubernatura o la jefatura de Gobierno de Ciudad de México. Tendría que renunciar a ella antes de solicitar su inscripción a la contienda electoral.

La reforma necesita dos tercios de los legisladores presentes en ambas sedes y cualquier deserción en la Cámara alta la pone en riesgo. La primera señal de alarma ha llegado del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), uno de los socios de Morena, cuya bancada ya reconoce diferencias sobre los términos de la propuesta. El partido que ha sido un aliado fundamental del oficialismo vuelve a tener en sus manos la llave de una reforma de Sheinbaum.

Manuel Velasco, coordinador del Verde en el Senado, reconoció este martes que su bancada no ha logrado el consenso. La mayoría de los senadores verdes, dijo, está dispuesto a respaldar la reforma, pero algunos tienen “inquietudes” y otros no coinciden con la propuesta. El motivo no es menor: algunos de ellos tienen doble nacionalidad. Aunque no ha mencionado nombres, legisladores del Verde sostienen que al menos media docena de sus integrantes cuentan con dos pasaportes. “Hay compañeros que tienen doble nacionalidad”, soltó Velasco. Aunque acotó que algunos están dispuestos a renunciar a ella, otros prefieren tomarlo con calma y discutir el alcance de la iniciativa. Se trata de un freno de mano a la velocidad que Morena programó para la hoja de ruta de la propuesta. La alternativa que ha comenzado a tomar forma dentro del Verde es limitar la prohibición a quienes aspiren a la presidencia y dejar fuera de la restricción a quienes busquen alguna gubernatura o la jefatura de Gobierno de Ciudad de México.

La iniciativa ha avanzado en la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara baja, en medio de críticas del bloque opositor formado por PAN, PRI y Movimiento Ciudadano. Los diputados han considerado que la enmienda es violatoria de los derechos de millones de connacionales que viven en Estados Unidos. Con todo, las bancadas de Morena, PT y Verde han echado mano de su mayoría para aprobarla sin cambios, respecto de lo enviado por la presidencia. “Es una vergüenza que les preocupe que un migrante quiera gobernar México y no les preocupe que Rubén Rocha haya gobernado Sinaloa de la mano del crimen organizado”, lanzó la diputada Paulina Rubio durante el debate en la Comisión, antes de anunciar su retiro de la discusión.

El proyecto cubre todos los flancos. Establece que, una vez en el cargo, el presidente tampoco podría adquirir o solicitar otra nacionalidad, utilizar un pasaporte extranjero, ejercer derechos políticos en otro país, invocar ante autoridades extranjeras una nacionalidad distinta de la mexicana ni acogerse a su protección diplomática.

La justificación de Sheinbaum y de su consejera jurídica, Luisa María Alcalde, es la lealtad al Estado mexicano: quien ocupe los cargos de mayor responsabilidad política debe colocar los intereses de México por encima de cualquier otro. Pero la reforma ha encontrado un problema. Por tratarse de un cambio a la Constitución, necesita algo que más de una vez se le ha salido de las manos al Gobierno de Sheinbaum: las dos terceras partes de los votos del Congreso. En la Cámara de Diputados, 334 sufragios y en el Senado, 86. En la Cámara alta, la salida de Enrique Inzunza de la bancada de Morena estrechó más el margen. El bloque de Morena, PT y PVEM suma 86 senadores, aunque en la bancada del Verde se puede descontar anticipadamente el voto del senador Luis Armando Melgar, uno de los más críticos de las decisiones de Morena. “Es discriminatorio contra millones de mexicanos que viven en Estados Unidos. Se atenta contra los derechos humanos y políticos de gente que se tuvo que ir para construir una vida que este país no les pudo dar”, ha dicho sobre la iniciativa.

En la Cámara de Diputados, aunque existen algunos inconformes, el margen es amplio. Morena y sus aliados suman 364 de los 500 legisladores del órgano legislativo y superan la mayoría calificada de 334. Sin embargo, la bancada del Verde cuenta con 62 legisladores que, de solidarizarse con el Senado, romperían los dos tercios.

Desde su anuncio, la iniciativa fue colocada en la diana. La propuesta nació en medio de la disputa pública de Sheinbaum contra Francisco García Cabeza de Vaca. El exgobernador de Tamaulipas posee nacionalidad mexicana y estadounidense y permanece en EE UU mientras enfrenta una orden de aprehensión en México. Sheinbaum cuestionó sus posibilidades de regresar a la política por su situación judicial y después planteó cambios en la Carta Magna. El panista ha interpretado la reforma como un intento de cercar su aspiración para los comicios presidenciales de 2030.

Con información de: El País

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