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En las jornadas posteriores al ataque conjunto de Israel y Estados Unidos contra Irán del pasado 28 de febrero, Donald Trump cambió al menos una docena de veces de argumentos para justificar una operación militar que evitó llamar por su nombre (“guerra”, palabra que aún se resiste a emplear). Sobre su duración también lanzó mensajes contradictorios: la cosa estaría resuelta en “un par de días”, primero, y en no más de “cuatro o cinco semanas”, después.

Trump también ha dado más de 40 veces la guerra por a punto de terminar, pero este miércoles, 137 días después de su inicio, ni siquiera él niega que el conflicto no ha hecho sino volver a empezar.

El presidente de Estados Unidos es un hombre tan impaciente como volátil. Como queda claro en Regime Change, el revelador libro de los periodistas Maggie Haberman y Jonathan Swan que destapa las interioridades de su Casa Blanca en el primer año de la vuelta de su actual inquilino, este disfruta más acometiendo nuevas empresas que dándoles seguimiento y cumpliendo con sus objetivos. Y en Oriente Próximo se ha encontrado con un rival que ha sabido jugar sus cartas (y con su paciencia) para sacar partido a esos rasgos de su personalidad.

Tras lograr un principio de alto el fuego a mediados de junio, Trump dio el asunto por resuelto, y ahora vuelve a la casilla de salida, el control por el estrecho de Ormuz, aunque con una estrategia aún menos clara que en la primera fase, que costó la vida de unos 3.500 iraníes y 40.000 de millones de dólares a las arcas de Estados Unidos, según un cálculo del laboratorio de análisis de Washington Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS son sus siglas en inglés).

También cuenta con menos puntos de presión sobre Irán. Si, como ha insistido una y otra vez él mismo, la Armada iraní está destruida y su capacidad nuclear “obliterada” (término que, cuentan Haberman y Swan en Cambio de régimen, dio orden a los suyos de emplear hasta lograr que calara), ¿qué teclas le quedan a Estados Unidos por pulsar para vencer a su rival?

El martes, Trump puso algunas ideas sobre la mesa, sin importarle que algunas de ellas pudieran ser usadas como pruebas de la comisión de crímenes de guerra ante un tribunal. “Dejaré los objetivos energéticos para el final, pero iremos a por ellos”, dijo el presidente de Estados Unidos en una entrevista en Fox News. “Golpearemos con mucha fuerza esta noche. Golpearemos con mucha fuerza mañana por la noche [por este miércoles]. Golpearemos con mucha fuerza la noche siguiente y, luego, la semana que viene la situación se pondrá realmente mal para ellos, porque será el turno a las centrales eléctricas y todos sus puentes, salvo que se sienten a negociar”, añadió.

Con información de: El País

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