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Aunque el terremoto del pasado miércoles golpeó con fuerza a todo el estado costero situado al norte de Caracas, al entrar a la parroquia Caraballeda el panorama cambia de forma abrupta.

A medida que uno se adentra en la zona, la devastación se vuelve más densa.

El número de edificios que colapsaron sobre sí mismos tras los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5, que sucedieron en un lapso de 39 segundos, forman filas enteras que han quedado reducidas a montañas de concreto y hierro retorcido.

En algunas zonas de las urbanizaciones más afectadas, como Caribe y Tanaguarena, hay tramos completos donde todavía no ha comenzado la remoción de escombros.

Caraballeda solía ser en los años 90 una de las áreas más prósperas del estado, una animada zona turística bordeada de palmeras, con hoteles de lujo, restaurantes, condominios con piscinas, un muelle repleto de yates e incluso un campo de golf.

Hoy presenta una imagen desoladora, más cercana a la de un escenario de guerra que a la de un destino vacacional.

Ese campo de golf, vestigio de la opulencia que marcó la zona antes de la tragedia de 1999, se ha transformado en el epicentro de la emergencia.

Sobre su césped verde, que solía estar perfectamente cuidado, hoy hay un hospital improvisado que atiende a las personas que han podido ser rescatadas y están gravemente heridas, además de pilas de ropa donada y cajas llenas de ayuda humanitaria.

En una parte del campo de golf, justo al lado de una pequeña laguna, una franja del terreno ha sido habilitada como área de aterrizaje para helicópteros que llegan con suministros y personal desde otros estados del país y también desde el extranjero.

Otra ha sido habilitada como refugio para cientos de familias que lo han perdido todo.

Milagros González, una residente de la urbanización Caribe, le dice a BBC Mundo que vivía en una parte de la zona donde la mayoría de los edificios colapsaron y tuvo que huir tan pronto como pudo.

Su torre fue «una de las pocas que no colapsó».

«Salí con mis dos pequeñas y mis dos señoras mayores. Salirnos fue fácil. Pero gracias a Dios [salimos] con vida. El edificio no se puede habitar. Pero estamos vivos, que es lo importante y agradecidos con Dios», afirma.

Con información de: BBC NEWS

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