El descarrilamiento del Tren Interoceánico el fin de semana pasado, que dejó al menos 13 muertos y decenas de heridos, es la primera gran tragedia humana en las obras de infraestructura impulsadas por el expresidente Andrés Manuel López Obrador.
El exmandatario encomendó varios proyectos emblemáticos a las Fuerzas Armadas, a las que consideraba grandes constructoras, diligentes en el trabajo y blindadas contra la corrupción, eficientes e intachables.
Hoy, las incipientes críticas tras la tragedia se dirigen a la Secretaría de Marina, quien controla la compañía paraestatal Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec, S.A. de C.V. (FIT), a cargo de la construcción y operación del tren accidentado.
Las miradas también se ciernen sobre el almirante Raymundo Morales, quien era director general del FIT el sexenio anterior y en esta Administración fue designado al frente de la Marina por la presidenta Claudia Sheinbaum.
A lo largo de cinco años, entre 2019 y 2023, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) —que revisa el ejercicio del dinero público— documentó los fallos de la Marina en la edificación de esta obra. Cinco informes señalan deficiencias fundamentales en el diseño del proyecto, errores aritméticos en el cálculo de precios de materiales y falta de supervisión de los trabajos.
Algunos de los fallos documentados un año volvieron a repetirse en revisiones posteriores, lo que indica que la Marina no tomó medidas para remediarlos. Todo ello costó dinero público. Pero, más allá de la cuestión económica, los problemas detectados por la ASF apuntan a la inexperiencia de la autoridad y a la premura con la que se hicieron los trabajos.
La presidenta Sheinbaum aseguró este martes que su Gobierno contratará a alguna certificadora internacional que apruebe la reapertura del tramo siniestrado.
El accidente del domingo ocurrió a lo largo de la Línea Z del tren, una de las tres rutas que conforman el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, que une el Pacífico con el Golfo de México. El expresidente López Obrador hizo una fuerte apuesta a este proyecto para posicionarlo como alternativa al Canal de Panamá. Aunque es un medio eminentemente para el transporte de mercancías, también ofrece el servicio de traslado de pasajeros. La Línea Z, de 207 kilómetros de longitud, conecta a los puertos de Coatzacoalcos (Veracruz) y Salina Cruz (Oaxaca).
En 2019, el primer año del sexenio de López Obrador, se puso en marcha el proyecto “Corrección, pendiente y conexión en la Línea Z”, que tuvo por objeto “aumentar la seguridad, mejorar la eficacia operativa y los tiempos de recorrido e incrementar el volumen de toneladas netas transportadas anualmente”, así como “dar accesibilidad y movilidad a los puertos” y “modernizar las vías del tren de carga que ya existen”.
Con información de: El País










































