Cuando Li Cuirong comenzó a estudiar español en China, no entendía ni una palabra.
Las conjugaciones verbales, los artículos y las preposiciones –estructuras que no existen de la misma manera en el chino– convertían cada clase en un auténtico reto. Otro desafío, recuerda, es que los hispanohablantes “hablan demasiado rápido”.
Entre risas, Li –quien se hace llamar María en español– sintetiza sus inicios con este idioma: “¡Al principio fue una completa tortura!”
Años después, aquel suplicio se transformó en una profesión y, sobre todo, en una forma de acercarse a una región del mundo ubicada a miles de kilómetros de distancia.
Originaria de la provincia de Sichuan, hoy enseña esa lengua extranjera y literatura latinoamericana a jóvenes chinos. Además, es intérprete.
Li estudió un año en El Colegio de México entre 2013 y 2014, donde no sólo perfeccionó su dominio del idioma, sino que se adentró en la literatura de la región, en especial en la obra del escritor mexicano Fernando del Paso.
Es amante de los cuentos de Horacio Quiroga; de Pedro Páramo y El llano en llamas, de Juan Rulfo; y recuerda especialmente El guardagujas, de Juan José Arreola, por esa mezcla de ironía y absurdo con la que retrata los ferrocarriles mexicanos. “Me enamoré del español”.
Su historia permite explicar un fenómeno que se ha acelerado en China durante las últimas décadas: el español dejó de ser una lengua extranjera marginal y comenzó a convertirse en una herramienta para conocer América Latina.
“El español está de moda en China”, resume el profesor decano de la Facultad de Estudios Hispánicos y Portugueses de la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín, Chang Fuliang.
“Cada día más jóvenes quieren aprenderlo”, señala. También asegura que hoy nuestra lengua ha superado al ruso en el interés de los estudiantes chinos, sobre todo con objetivos laborales.
Con información de: La Jornada







































